De la Lexicon 80 hacia la Auditronic.

Enrique Puig Climent

Por Enrique Puig Climent.

Ahora que he puesto el Word en condiciones de escribir mis impresiones me asalta la duda de por dónde y cómo empezar.

Solo tengo claro el encabezamiento o título, pero ¿por qué?.

Tal vez sea porque mis experiencias en Hispano Olivetti empezaron con el STAC de 1962.

O tal vez porque leyendo a mis ilustres antecesores en esto de las Colaboraciones no me considero a la altura de sus conocimientos históricos de nuestra querida Empresa.

Lo plantearé a nivel anécdotas a ver como sale….

Yo entré, junto con 10 colegas más, como parte de un programa perfectamente establecido para el “aggiornamento” de los talleres de reparación de máquinas de escribir y aquella calculadora mecánica, pesada y ruidosa que era la Divisuma 14 y su hermana pequeña la Restisuma 15.

En aquellos años solo había en los talleres más importantes unos pocos mecánicos (aún no se llamaban técnicos) que habían hecho en Italia cursos de las máquinas contables, nuestras queridas Audit. Y su jodido (desde el punto de vista de los mecánicos) programa de contabilidad el 1.1.19.

Y Olivetti se preparaba para la importación masiva de la clase 24.

Se realizó una selección de 11 Peritos Industriales a lo largo y ancho de España por un ingeniero italiano, un tal Ferrari y quedamos seleccionados Pepe Castro, Nacho Trenado, Manolo Fernández, Juan Piña, Antonio Alcarria, Pepe Sevilla, Ramón Torelló, Rodríguez, un vasco y un madrileño, cuyos nombres no recuerdo, y yo.

Si se me permite como anécdota personal yo entré en la selección por pura casualidad.

En Junio del 62 yo estaba en Alcoy. Una vez acabada las prácticas de Milicias estudiando como loco las asignaturas de la especialidad textil que no me conmutaban como Perito Mecánico para pasar al 2º de la especialidad.

Una noche, harto de estudiar, salí a dar una vuelta y compré un periódico en el que aparecía un escueto anuncio que decía “Hispano Olivetti precisa Peritos Industriales”.

Yo estaba predestinado a quedarme con mi padre y sus dos hermanos en una fábrica de tejidos que teníamos en Valencia, y pensé “que no se diga que he terminado la carrera y no he escrito a ninguna oferta de trabajo“. Y contesté al anuncio. Y me olvidé del tema.

En esta foto de la época puede verse una panorámica de Alcoy – en valenciano, Alcoi – ciudad situada en el norte de la provincia de Alicante. Cuenta con 61.000 habitantes. Es conocida como la ciudad de los puentes. La peculiar orografía marcada por barrancos que condicionaron el urbanismo y las ampliaciones sucesivas e hicieron necesaria la construcción de estos puentes. A la vista, el Viaducto de Canalejas. Se inauguró en 1907 y se denomina así por el nombre del diputado a Cortes por el distrito de Alcoy, José Canalejas y Méndez. Tiene una longitud de 200 metros para el cual se usaron 325 toneladas de acero, por lo que también se le conoce como Puente de Hierro. Une el centro de la ciudad con la Escuela de Peritos Industriales.

Escuela de Peritos Industriales de Alcoy

A finales de Julio, ya en Valencia, me encontré con un compañero de promoción que me dijo que iba a una entrevista en Hispano Olivetti. Me mosqueó que a mi no me hubieran escrito ya que no podía ser un problema de currículum ya que mi compañero lo tenía tan “limpio” como yo, recién salidos de la Escuela.

Di media vuelta y me fui al Pasaje Rex que es donde HO tenía la Sucursal y me atendió Martinell, a la sazón virrey de HO (ya sabéis lo que los Directores de Sucursal de aquellos tiempos eran). Le caí bien y dándome una excusa (que con el pasar de los años cada vez la contaba de forma diferente) me hizo un hueco, que no estaba previsto, en las entrevistas de Ferrari. Y así empezó la cosa que duró hasta 1999.

Y el 26 de Agosto de 1962 nos encontramos los 11 seleccionados en aquella pensión Saboya de la Via Layetana que tantos oliveteros conocen y que se comía de maravilla.

En Septiembre iniciamos el clásico curso de máquinas de escribir, no con el instructor de las cejas sino con el santo varón Sr. Perdiguer que estoy seguro que está sentado a la diestra de nuestra patrona Santa Tecla. Por su paciencia y por su sufrimiento al decirnos que, a diferencia de los comerciales, si al montar la máquina no funcionaba, sintiéndolo mucho nos mandaba a casa.

Y de allí a Ivrea. Empezamos con la Divisuma 24 y terminamos en Julio 63 con la Mercator. Eran unas cuantas semanas de curso y tres semanas de prácticas en diferentes talleres italianos.

Esta foto es del primer curso que hicimos en Ivrea, la DVS 24 y están conmigo, como se les puede reconocer: Pepe Sevilla y Nacho Trenado.

En mi vida he estudiado con más ahínco. Allí si que era verdad eso de si no aprobabas a casa. Al madrileño y al vasco los mandaron a casa por Navidad, como al turrón, pero sin volver.

De la estancia en Italia hay muchas anécdotas que por no cansar, os las evito, pero hay una que no me resisto a no contarla.

Luis Bellsolell, que iba a ser nuestro jefe en España, iba dos meses adelantado en la formación y por consiguiente volvió a España antes que nosotros. Tenía un 600 de 2ª mano, comprado allí, que nos lo revendió. En aquellos tiempos solo Manolo Fernández y yo teníamos carnet de conducir así que organizamos unos cursillos de conductor para el resto, en los aparcamientos del Palazzo Uffici, los Sábados y Domingos. Para compensar los gastos de gasolina acordamos que las prácticas se pagasen por Km. utilizado.

Rodríguez, catalán él, (no por nada solo por su espíritu ahorrador) insistía en hacer las prácticas sin acompañante. Pensamos que era por vergüenza de hacer las cosas mal. Descubrimos que las hacía marcha atrás para que no corriera el cuentakilómetros.

La Italia que encontramos, como dice JL Varas en su artículo, no tenía nada que ver con la España que habíamos dejado. Los cines, las barras de los bares ya de acero inoxidable, los conductores de autobús con uniforme y corbata, las tiendas….y la mentalidad de las chicas… no tenían nada que ver.

Solo una persona no nos era favorable. La secretaria de la Scuola Stac era una señora de unos 50 años que su marido había sido de la resistencia y fusilado por los fascistas. Nos consideraba cómplices por no haber derrocado a Franco como habían hecho los italianos con Mussolini. Cuando tímidamente y con la mayor suavidad posible, dado que era la factotum de la Scuola, le indicabas que a ellos les habían ayudado los americanos desembarcando en Sicilia, se ponía hecha un basilisco.

No sé si por iniciativa suya o por instrucciones del Sr. Barrufet, ángel de la guarda de José Manuel Aguirre, según comenta el propio José Manuel, pero también catalán ahorrador, nos extrañaba que en el Albergo Moro, donde estábamos alojados, en el restaurante, los camareros, al tomar nota de nuestros pedidos entraban en la cocina anunciando “spaghetti per gli spagnoli” o bien “antipasti per gli spagnoli”. Un día, mosqueado, me fui a preguntar al propietario el por qué del complemento “…gli spagnoli”. Me contestó un contundente “Olivetti ha ridotto il costo per voi e la razioni sono minore”.

Creo recordar que lo comentamos con nuestra “amiga” y la discriminación se acabó. Dicho sea en honor de la buena señora.

De todas formas nosotros estábamos encantados con el trato que recibíamos y aceptábamos como lógico que unos colegas japoneses que estaban haciendo un período de formación análogo al nuestro tenían para dinero de bolsillo 5.000 liras diarias y nosotros 500 (diez duretes que a penas daban para tabaco y algún cine). Éramos jóvenes y veníamos de la España del 62.

Somos el grupo de los 11 Peritos en los que faltan, por razones desconocidas, Juan Piña y el madrileño que no recuerdo el nombre. De izquierda a derecha, sentados: Rodríguez, Madariaga (creo que es el nombre del vasco), Antonio Alcarria, Pepe Castro y Manolo Fernández. De pie: Yo, Ramón Torelló, Pepe Sevilla, Nacho Trenado y el instructor Cesare Marega.

Cuando volvimos a mi me tocó el Taller de Barcelona y a Pepe Castro el de Madrid. Eran los dos talleres más conflictivos no solo por su tamaño sino también y sobre todo porque aterrizar de jefes en los centros donde estaban aquellos mecánicos, que citaba antes, que se habían hecho cursos en Italia y lógicamente tenían aspiraciones al ascenso iba a tener sus posibles consecuencias.

Y aquí vino la finura intelectual de nuestro flamante nuevo jefe Bellsolell. A mi me mandó a Madrid y a Castro a Barcelona durante un mes. De esta forma se protegía de una regla de oro que hay en la carrera de Perito Industrial que generalmente va a los talleres o a las cadenas de producción y que dice: “si la cagas en las primeras tres órdenes que des, mejor búscate otra empresa”.

Y así fue. Yo no recuerdo como le fue a Castro en Barcelona, pero a mi en Madrid el “frustado” que era un tío verdaderamente competente y cuyo nombre lo tengo en la punta de la lengua pero no me sale (cosa del ALPISTE, ya sabéis, una mezcla de Alzehimer y desPISTE) me toreó como quiso y como despedida me mandó al virrey Manzano, al que supongo que previamente le había preparado, que me recibió y despidió a cajas destempladas dejándome bien claro que el no necesitaba a nadie que intentase organizar el taller, que le funcionaba muy bien, lo que necesitaba es que trajera más piezas de recambio.

Tal fue la bronca que al salir el entrañable Arturo Gómez que por aquellos tiempos ejercía de secretario del virrey me dijo compungido: “Muchacho, yo de ti cambiaria de empresa, aquí no tienes nada que hacer”.

Obviamente, pensé en lo acertado de la regla de oro de los Peritos Industriales.

Coincidencias de la vida cuando fui en Marzo del 99 a apuntarme al paro me atendió una señora muy amable que al enterarse de que mi vida laboral había sido en Olivetti me dijo que su tío había sido el Director de Olivetti en Madrid, que se llamaba Manzano y que si le había conocido.

Al rellenar la documentación y cuando puse mi oficio “vendedor de máquinas de escribir” me dijo que lógicamente prefería no volver a trabajar. Solo se me ocurrió contestarle: “desde luego con su tío no”.

Bueno, esto de destapar el frasco de los recuerdos es inagotable. Queda mucho en el tintero pero tengo mis dudas de si alguien ha llegado hasta aquí.

Un abrazo a todos.

Enrique Puig

2 comentarios en “De la Lexicon 80 hacia la Auditronic.”

  1. Tus recuerdos de «alpiste» 3 agosto 2008

    Querido Enrique: !Bienvenido al club! Al conectarme a Olivetianos me he encontrado con tu escrito. Me he llevado una alegría por venir de quien viene y por lo divertido que es.
    Desde ya espero tu próxima entrega y que se nos una alguien de la administración y, por qué no, alguien de Fábrica.
    Un abrazo. J.M. Aguirre

    1. Comentario a los artículos de José Manuel Aguirre 15 agosto 2008

      En primer lugar agradecer tu amable bienvenida a mi incorporación a estas colaboraciones. A continuación, dejar patente y claro que en estas incursiones en el túnel del tiempo que significan los artículos, en los que tus nos detallas, nos acompañas con la potente luz de tu capacidad narrativa que hace que los más mínimos detalles vengan a la memoria con extraordinaria claridad. Vemos a Pepita y Rosita con su extraordinaria amabilidad, resurge con fuerza el TAM que por primera vez yo, y muchos más, conocíamos (a diferencia del TAE que hoy en día todo el mundo conoce y los que tienen todavía hipotecas, temen) y recordamos aquellas precursoras de las fotocopiadoras.
      Estoy seguro que ya estás preparando el artículo sobre el Censo, ingente labor que protagonizaste y espero que no te dejes en el tintero la duda Hamletiana a la que nos sometiste en un seminario, creo que en Santa Cristina o algún lugar de la Costa Brava, donde nos explicaste la correcta utilización de los conceptos «eficiencia» y «eficacia» y que a partir de entonces cuando arengábamos a los nuestros les decíamos: «tenéis que ser eficaces o eficientes, como diría Aguirre». En este caso no falló la luz del ponente, en todo caso las luces de los oyentes.
      Bueno querido José Manuel, continúa mostrándonos túneles que es una gozada.
      Un abrazo. Enrique

Deja un comentario