Eusebio Calvo Segura. un compañero ejemplar.

Eusebio… ha muerto. La noticia se extendió entre nosotros. Algunos, los más próximos, no nos sorprendimos, nos lleno la tristeza y no cabía nada más.

Después, lo despedimos y manifestamos nuestras condolencias a sus familiares.

  Más adelante, fue creciendo la idea de hacer algo. ¿Un homenaje? ¿Un recuerdo? ¿Un detalle emocionado para la familia?

  En nuestros comentarios crecían los recuerdos, algunos muy distantes en el tiempo y por lo tanto imprecisos. Pero, un recuerdo trae otro y sus imprecisiones se van corrigiendo entre todos. La memoria larga es una dulce trampa. Te lleva a la nostalgia y de ahí te niegas a salir por miedo al olvido.

  Recogimos textos que nos ayudan a precisar momentos significativos, concretando fechas, siempre más difíciles de recordar. Logramos recuperar más de mil fotografías que ilustran cincuenta años de nuestra vida, en episodios compartidos con Eusebio.

  Algunos, nos propusimos escribir nuestros recuerdos para que no se los llevara el viento. Y lo hicimos. Nos quedaba componerlo en un todo y añadir las fotografías, como testimonio de lo contado. También lo hicimos.

  Tenemos un documento que ilustra esos años de recuerdo colectivo, desarrollado pensando en Eusebio, pero también en todos nosotros, que compartimos años de trabajo en una empresa, Olivetti. Ese documento queremos ofrecérselo a Pilar y a sus hijos, para que puedan comprobar el afecto que Eusebio despertó en todos nosotros.

Morata de Jalón es un municipio de la comarca zaragozana  de Valdejalón, que próximo a la ribera derecha del río Jalón, dista unos 64 km. de Zaragoza.

De sus habitantes, que rondan la cifra de los 1.400, se dice: Somos de este pueblo que como tantos abraza el cielo y no el mar. De entre su patrimonio arquitectónico destaca  un interesante conjunto palaciego barroco que se precia de ser el más importante de Aragón en su género.

En este pintoresco lugar, el 28 de enero de 1944, nació nuestro compañero Eusebio Calvo Segura, segundo de los tres hijos del matrimonio de don Emilio Calvo y doña Concepción Segura. Eran tiempos muy difíciles. Hacía menos de cinco años que España se había desangrado en una terrible guerra civil.

Era un país dividido entre vencedores y vencidos, con los valores democráticos que la derrotada República había empezado a instaurar totalmente abolidos. El país se hallaba sumido en la pobreza. Un gobierno autárquico solo conseguiría devolver la renta per capita de los españoles a los niveles previos a la guerra en 1953. En 1944, según estimaciones de la Comisaría del Primer Plan de Desarrollo el Producto Interior Bruto per capita de los 26,4 millones de españoles residentes en el país ascendía a 20.805 pesetas (medidas en pesetas de 1969).Sólo después del Plan de Estabilización de 1959, los siguientes Planes cuatrienales de Desarrollo, unidos a una cierta normalización de las relaciones con el exterior permitieron al país un claro despegue económico. En 1968, año del ingreso de Eusebio en Olivetti, la  renta per capita española, medida en pesetas constantes de 1969,  se había incrementado en un 278%.

Eusebio cursó sus estudios de primaria en su pueblo. Los de secundaria, en  la villa de Calatayud, a unos 30 km de Morata. Eran tiempos aquellos donde los valores fundamentales que se enseñaban en la escuela eran patriotismo, religión, obediencia y disciplina.

El sueño de Eusebio era estudiar ingeniería superior, pero los recursos familiares de aquellos años no eran suficientes para cubrir los elevados gastos que ello comportaban. Su padre trabajaba en la fábrica de cementos, la industria principal de la población.

Dado su buen expediente académico, la dirección de la fábrica lo becó para que pudiera  estudiar la carrera de perito industrial en Zaragoza. Eusebio correspondía con un  ejemplar rendimiento en la Escuela y trabajando durante las vacaciones de verano.

Cumplió con sus deberes militares en el campamento de Los Castillejos en los cursos preparatorios para oficial durante dos veranos consecutivos. Y ya como alférez de complemento en prácticas  fue destinado a Córdoba. Allí conoció como compañero de fatigas a otro joven oficial que el destino o el azar había dispuesto que habrían de encontrarse, años después, trabajando en la misma empresa, la  Olivetti. Era Josep Jordi Seluy.

Pero antes de ingresar en la que había de ser la empresa de su vida, Eusebio trabajó durante un tiempo, posiblemente breve – finales de 1966 o principios de 1967 –  en la empresa de un conocido que se dedicaba al montaje de estructuras metálicas. Es casi seguro que Eusebio se trasladó a Barcelona aprovechando esta oportunidad y  en busca de un puesto de trabajo que se  adecuara mejor a sus estudios. Y la oportunidad llegó en forma de un anuncio en un periódico – casi con toda probabilidad La Vanguardia, editada en Barcelona – en el que Olivetti  ofrecía la posibilidad de incorporarse a su plantilla a ingenieros técnicos mecánicos para su servicio de asistencia técnica.

¡Qué interesante  hubiera sido conocer el extractado pero preciso “curriculum vitae” con el que respondió Eusebio a la exigencia de la empresa! Olivetti ofrecía, además de una interesante  retribución fija inicial, concretas posibilidades de desarrollo económico y profesional al ir alcanzando distintos niveles de formación y experiencia. La oferta empresarial  iba a tener, tanto en el caso de Eusebio como en el de muchos de los que fuimos sus compañeros, un cumplimiento que difícilmente pudimos imaginar acerca de los niveles de conocimiento y desarrollo personal y profesional que exigirían  la naturaleza y la velocidad de cambio que iba a traer consigo la influencia de la microelectrónica en casi todos los órdenes de la vida.