3. El primer destino. Bilbao

Tras su incorporación a Olivetti, Eusebio había franqueado felizmente el periodo de formación inicial en Barcelona.

Era portador de una avalancha de nuevos conocimientos, datos, personas, modelos de máquinas, estructuras organizativas, normativas y un sinfín de nuevas imágenes que se agolpaban en su cabeza y que tendría que poner en orden rápidamente y aplicarlos en el escenario real de su primer destino como Responsable S.T.A.C. en la Sucursal de Bilbao.

La ría de Bilbao y el Ayuntamiento al fondo

La primera impresión que daba Bilbao a la llegada por aquel entonces hace más de 50 años, estaba muy lejos de la situación actual. El impacto visual resultante por la presencia de grandes avenidas y calles pobladas de esbeltos edificios de arquitectura regia y gran belleza, se unía de inmediato al de un ambiente industrial, nada acorde con la gran ciudad urbana, procedente de múltiples industrias, fábricas y astilleros situados en el corazón de la ciudad, unas en el céntrico puente de Deusto, otras tocando la Basílica de Begoña que envolvía la propia atmósfera ambiental plagada de humo en tal cantidad que llegaba a incrustarse en la piedra de las fachadas de las casas y monumentos de las plazas, aparte de una neblina surgida por doquier procedente de la ría de Bilbao que atraviesa la ciudad de parte a parte, o por la lluvia fina que no la ves pero que al cabo de poco te empapa todo.

Quizás por todo ello, a la Villa de Bilbao le denominan, cariñosamente, el “Bocho” o en su diminutivo “Bochito.”

La Sucursal de Bilbao estaba situada en la céntrica calle de General Concha, próxima a la Plaza de Zabálburu.

El edificio se compró sin acabar, construido sobre vigas de hormigón sin cerramientos, de manera que se pudo efectuar una distribución adecuada a las distintas secciones con el objeto de concentrar en él, todas las actividades con una estructura funcional muy determinada. En 1964 se procedió al traslado de la antigua Sucursal situada en la Plaza Moyúa, el Taller y Almacén lo eran en la calle Tívoli y posterior apertura al público en el mes de octubre.

La distribución del edificio nos la recuerda Josetxu Arruabarrena Paduro, entonces, jovencísimo técnico mecánico aficionado al vídeo y la fotografía, aportando también algunas imágenes de gran valor testimonial aunque lamenta las deficiencias técnicas propias de los aficionados de la época.

Fachada. Arquitectos Federico Correa y Alfonso Milá

El edificio contaba con ocho plantas y sótano destinado a garaje. Entonces se disponía de transporte propio con furgonetas de la empresa a cargo de los hermanos Javi y Ernesto Cárcamo. Como anécdota, Javi jugó en el Athletic de Bilbao antes de entrar en Olivetti con la consiguiente popularidad que daba su experiencia futbolística.

En la planta baja está instalada la tienda con escaparates a la calle. Inicialmente, la fachada estaba recubierta de mármol marrón que al poco tiempo se rehabilitó a cargo de los arquitectos Federico Correa y Alfonso Milá, dando una nueva imagen corporativa con predominio del color blanco que lo hará extensivo a la totalidad de las sucursales. Eran las que en los corrillos más reservados, algunos llamábamos “lecherías” por alusión al resplandeciente color predominante. Era la imagen externa de transformación que Olivetti estaba proyectando del profundo cambio empresarial iniciado en todos los aspectos humanos, técnicos y estratégicos.

Área de Dirección

Área de Comerciales

Moderno mobiliario de diseño Olivetti en todas las plantas

La primera planta se destina al personal de Software y Sala para Demostraciones a Clientes. La segunda se destina a la Dirección de Sucursal y Comercial con la estructura de vendedores por líneas de productos. La tercera se destina al personal de Administración, Telefonista y correspondientes equipos de elaboración y gestión de datos.

La cuarta para Taller, Almacén de Recambios y personal correspondiente de asistencia técnica al cliente. La quinta para Almacén de Máquinas para la venta. La sexta se comparte con una empresa externa y personal comercial especializado en Sistemas Informáticos y personal de programación. La séptima para vivienda del portero y la octava para vivienda del Director de Sucursal.

La estructura organizativa de una Sucursal era la misma en todos los lugares de la Empresa.

Sucursal Bilbao

  • Director de Sucursal, Luís Vich Castells
  • Responsable de Administración, Juan Altube Garaicoechea.
  • Responsable S.T.A.C., Eusebio Calvo Segura.

Todos ellos, con sus correspondientes Jefes de Equipo y diverso personal especializado.

La Sucursal de Bilbao tenía una relevancia muy importante en términos comerciales y de gestión empresarial, tanto económica, como técnica y estratégica, pues la lista de clientes abarcaba prácticamente la totalidad del tejido productivo de Vizcaya, no solo en el alcance provincial sino en el resto del Estado por la de implantación del cliente vasco en el territorio nacional o extranjero, especialmente las referentes a la actividad financiera; Bancos de Bilbao y Vizcaya, Cajas de Ahorro y Empresas Industriales.

Esto requería disponer y mantener un personal muy especializado y capacitado para atender la venta centralizada desde la Sucursal para todo el país de bienes de equipos, servicios de asistencia, programación de software, accesorios y elementos suplementarios, trabajando en coordinación con todos los Departamentos Centrales de Olivetti y Sucursales Periféricas de todas las ciudades y lugares de implantación del cliente, por lo que se requería grandes dosis de responsabilidad personal y organización de toda la estructura laboral.

Una característica que distinguía a la Sucursal era la naturalidad y cordialidad en el trato entre los compañeros, sin distinción de clases pero guardando el debido respeto a los asuntos profesionales dentro del marco laboral.

Quizás el hecho de la concentración en el edificio favoreciera ese buen ambiente, considerando el marco de la Empresa como una prolongación del hogar propio.

Acceso al Taller y Administración.

Taller en la cuarta planta y puestos de trabajo de mecánicos internos

Eusebio se había preparado para afrontar con garantías los cometidos de dirección del taller tal como lo atestiguan los antiguos compañeros que durante todo el tiempo le guardaron respeto, consideración y ayuda en todas las peticiones que eran objeto de atención por parte del cliente y de los empleados.

En las fotos iremos haciendo mención de alguno de ellos, aunque todos conocieron y trataron a Eusebio como un compañero más, dentro y fuera del trabajo, como sello de identidad de los empleados de la Sucursal.

Crespo, Valentín García e Iglesias de espaldas

Crespo, José Mari García, Juan José Arias, Iglesias, V. García y José Sánchez Jefe de Equipo Máquinas Escribir y Reprografía.

Lo habitual era acudir al puesto de trabajo antes de hora para leer las noticias del periódico o comentar e intercambiar opiniones, llegado el momento de inicio, alguien daba una señal y cada uno a su puesto.

Algo similar ocurría al terminar la jornada cuando, prácticamente, todos marchaban en grupos a tomar unos “txiquitos” y pasear un poco antes de retirarse a casa.

 La práctica siempre era la misma, si el grupo era de cinco, se hacían cinco rondas en cinco sitios distintos y en cada sitio pagaba uno y al final de la rueda, despedida y hasta el día siguiente.

 Es la magia del “txiquiteo”, que por su volatilidad, permite hacerlo sin consecuencias.

Como norma establecida no escrita, si alguien del grupo habitual tenía que terminar un trabajo y retrasar su salida, el resto del grupo le esperaba tranquilamente para salir juntos.

Escenas antes o después de la jornada laboral

Alberto Ayala, Responsable de Taller Interno entre José Laborda y Bonilla Sampedro.

Alberto Ayala, Pedro López, Francisco García, Matías Barajuan y la Sra. Blanca, encargada de la limpieza diaria.

Los mecánicos Delgado al fondo, Pedro López. Al frente y Domingo Morales “Txomin” a la derecha, Jefe de Equipo de Máquinas de Cálculo y Contables.

La labor y actitud de Eusebio en la Sucursal fue la de atender y facilitar el trabajo a los demás, cosa que no le debió resultar difícil pues así lo atestiguaba, años después, su segundo de a bordo y hombre de confianza, Alberto Ayala, antiguo Jefe de Taller en los años 50, persona culta, educada, responsable y fiel, que por la evolución de la tecnología se vio relegado, según la política y estrategia de Empresa, por la nueva generación de personas con formación y titulación en disciplinas más especializadas, como fue el caso de nuestro amigo Eusebio y otros que ocuparon esos cargos en todos los centros de trabajo de la época.

La permanencia de Eusebio en Bilbao no fue muy prolongada pues a finales del 69 le habían anunciado el traslado a la Sucursal de San Sebastián para cubrir otra necesidad y profundizar en el desarrollo empresarial requerido por las nuevas necesidades tecnológicas, dejando a su partida, buen recuerdo de sus actuaciones y reconocimiento de sus valores profesionales y humanos.

Bilbao es hoy una capital abierta al mundo, dinámica, moderna y limpia de contaminación.

Los contenedores de multitudinarias fábricas que ocupaban el espacio de la ribera del Nervión, se han sustituido por la brillante obra de categoría aeroespacial de Frank Gehry.

La nueva sede del museo neoyorkino puso en evidencia una oferta cultural y artística cada vez más floreciente, el Guggenheim hace referencia a la creatividad de la capital vizcaína.