
Como para muchos de vosotros, Hispano Olivetti, la Olivetti, ha sido y sigue siendo uno de los mejores recuerdos de mi vida, tanto profesionalmente como desde el punto de vista de las relaciones personales.
Desembarqué en el año 1978 y aun recuerdo, como si fuera hoy, la entrevista con el Jefe de Personal, Félix Serrano, con mi chaqueta de pana y el vaquero… cuando salí del despacho miré hacia atrás, camino de la ventanilla donde nos daban el sobre con la nómina, y le vi mirándome.. ahí supe que estaba dentro. Y eso que no había LinkedIN ni InfoJobs, estaba el puerta a puerta y el correo postal. Envié cartas a las principales firmas de informática y me contestaron dos, Hispano Olivetti y creo que Nokia (o Ericsson, no recuerdo ya). La segunda entrevista fue con Nokia, pero ya tenía el sí de Olivetti.
El día de la incorporación tampoco se me olvida… fui en coche, !!!error!!! … ya que, desde Carabanchel, los atascos de un lunes más la búsqueda de aparcamiento me hizo llegar tarde, muy tarde… Unos metros antes de la puerta del edificio de Conde de Peñalver (Madrid) me encuentro con otro tipo que también llegaba agobiado (Escudero, el pañuelos), tarde, igual que yo. Desde entonces vivimos un montón de años juntos en la empresa y al salir de ella.


De ahí, rápido al Centro de Formación, por el pasillo interior, donde ya habían iniciado el curso de la A4 A5 y A6 … cada día, al terminar las clases, tenía que enseñarle al compañero, porque el pobre venía virgen en cuanto a informática… luego se le dio como hongos.


Yo flipaba, porque lo que había estudiado era Assembler y Cobol para el IBM 360, las hojas de codificación, la plantilla de flujogramas, las tarjetas perforadas, el almacenamiento… y me encuentro con máquinas de media K, 1K y la que más 2K… ¡¡¡ código+almacenamiento !!!, programando maquinitas al romper con unas pinzas los dientes de plástico de un byte… qué cosas había que ver…
Al finalizar el curso, fui de cabeza a una sucursal, Plaza de España. A primera hora de la mañana, más «despistao que ná», la actividad que había allí a mí me parecía una vorágine…todos juntos pero no revueltos, los comerciales, los técnicos, los programadores y yo, que no sabía nada. Pero daba igual, porque aquella gente te hacía sentir como su hijo, su colega, su compañero. Por si fuera poco, para mantenerme entretenido, me pusieron a trastear con la A6 y sus programas, que no funcionaban para nada en aquella época y yo muriéndome porque no entendía nada.
Poco a poco me fueron adoptando, Rafa Nieto (mi compi en programación), Javi Soblechero (casi mi padre), Pablo Cordón (muy serio, pero se descojonaba de mí también), Hassan, Pérez Llames (un cachondo rojo pasota), Paco Salorio (otro buen colega), y muchos más.
Cuando se cerraban las sucursales, nos trasladábamos a Conde de Peñalver, donde yo quería estar, porque allí había máquinas gordas, la A7 y después el Sistema 6000, al que me presenté voluntario en cuanto pude levantar la mano, luego llegaron las pantallas, los floppy disk… Allí estaba la saga de los Javier Ximenez, Valentín Lozoya, y el jefe Dorado… y mucha más gente (Gila, Jimenez, Crisenti, Ascensión, Goyito, Margarita…) programadoras, secretarias y jefazos.
Uno de esos jefazos se llevó un chasco que le debió tocar un poco los cohone, porque un buen día recibió una carta de recomendación para mí del mismísimo Carlo de Benedetti. Eso fue porque un amigo de Benedetti, un banquero suizo, tenía acciones en la empresa en la que trabajé anteriormente y se empeñó en hablarle de mí… ya veis… muy agradecido, pero me jodió realmente. En un curso en el Centro de Formación, el señor Maganto se puso muy digno y delante de todos dijo el muy… «Parece ser que tenemos con nosotros un mirlo blanco», dirigiéndose a mí, de nuevo el muy… y yo, que no había hecho nada, no sabía dónde meterme, con todo el mundo mirando y preguntando ¿por qué? … en fin, la salsa de la vida.
Mientras tanto, yo tan contento por la calle con mis discos duros azules de 25 Mb, o blancos de 5 Mb, ya que, al menos, no eran tarjetitas magnéticas.
Aún recuerdo cuando un comercial volvía por la tarde a la oficina diciendo que había vendido una A5 de 2K y aplaudíamos… ¡¡¡trabajo para todos!!!
Un recuerdo grato también para los técnicos del STAC, en el edificio brutalista de la calle Valentín Beato. De entrada imponían, pero luego, como es lógico, veías que eran compañeros tan agradables como el que más.
En fin, no sólo se disfrutaba dentro (aunque nosotros ganábamos poco, dentro) sino con muchos clientes. Y anécdotas, para contar y no parar, y más de la mano de Javier Soblechero… los que le conocisteis os podéis imaginar que para mí fue como ir a la mili, que no había hecho, ya que gracias a ser miope me libré de ella y fue un detalle que contaba a mi favor a la hora de encontrar trabajo con 21 años. Había clientes, ¡qué época!, en los que, mientras yo hacía mis cambios en el programa, él me vendía como técnico programador de los buenos, y alguno me llegó a dar 1.000 pesetas de propina al terminar la intervención (1978)…yo, ni me lo creía.
En Peñalver, además, disfrutaba de la escultura de Chillida en la pared del vestíbulo de entrada, o del mobiliario de oficina de la exposición, o del televisor Loewe que más tarde pude comprar con descuento.
En 1982/3 la cosa se acabó…empezaron las Software Houses y yo me embarqué en una… en qué hora, pero eso ya es otra historia.
En 2001 pude zafarme y no sé cómo, porque viniendo de lo micro, logré entrar, a través de un anuncio en las páginas salmón de El País en UNISYS… chan chan ! … el cielo como programador podía ser IBM o UNIVAC/UNISYS … pero rápidamente me enviaron a galeras… tres meses al infierno de Telefónica Móviles y, a continuación, a montar los servidores de la absolutamente recién creada Consejería de Sanidad con los restos del Insalud, en una sala vacía, sin frío y sin batería.
Pasé de redes locales de hasta 30 PCs a una cultura mainframe (ES7000) que yo no tenía, con almacenamiento EMC2, conectividad de fibra, cortafuegos, etc, etc. En 2006 tuve que hacer el traspaso a FUJITSU, hasta 2014 momento en el que un ERE me sacó de galeras a la puta calle. Literal.
Y fin de sus servicios, 14 años remando atado al banco, responsable de 55 tíos y de los sistemas de los dos CPDs sincronizados de Servicios Centrales del SERMAS, durmiendo con el teléfono en la mano debajo de la almohada, o hablando en la cocina bajito a las 4 de la madrugada, porque los Centros de Salud no iban a funcionar a las 9, ni los Hospitales, ni nada.
En fin, lo dicho, como los primeros tiempos no hubo nada igual. En general, en ningún momento de mi vida me ha tratado tan bien la gente como en Olivetti… no podíamos durar, la cultura que se instauró a continuación solo pretendía que nos dejásemos la piel, un día tras otro, ni conciliación ni historias, ni formación ni nada. Unisys si lo hizo, para reconvertirme en jefe de proyecto… otro error, cuando debería haberme especializado en algo serio, almacenamiento, comunicaciones, seguridad, algo que te hiciera imprescindible en la organización, y no en un jefe intermedio que se las lleva por arriba y por abajo.
Todos sabéis de lo que hablo, así que, quedémonos con una etapa que nos hizo vivir como ya no se repetirá. Ahora que vienen las cosas serias de salud es cuando más se valora. Un abrazo a todos y a todas, y un emocionado recuerdo para los que ya no están.
Termino el artículo con una foto de mis dos Olivetti, expuestas en el salón de mi casa.

José Javier González González
josejavier56@gmail.com
Abril 2026